No me gustan los apodos

Nunca he estado de acuerdo con utilizar otro nombre para llamar a las personas que no sea el suyo, especialmente si son insultos. Nunca me ha fascinado la idea de darles un giro de amor a las palabras que originalmente fueron peyorativas para llamar, aunque sea con el alma, a otra persona. Gorda, negra, vieja, enana, son palabras que además de ser poco estéticas y tener poca compatibilidad armónica rescatan un significado negativo para arraigarlo a una persona. Para llamar a un ser conciente que seguramente se caracterizará siempre por miles de cualidades y defectos distintos que se reducen siempre a una sola palabra cuando la llamamos así.

Tampoco me gustan los apodos positivos, por más cariño que le pongamos a la pronunciación de cada sílaba. Amor, bebé, roro, muñeca, las considero palabras altisonantes. Porque para llamar con amor a una persona basta con pronunciar su nombre.

El amor que tengas se verá reflejado al pronunciar ese nombre que escogieron sus padres, sus amigos o por voluntad propia. Ese nombre que ha portado con orgullo, amor y fuerza durante sus inviernos y veranos. Ese nombre que basta con ver su sílaba en alguna parte para que se te ponga la piel chinita al recordarlo. Esa letra que buscas al quitar el fierrito de las latas de refresco. Ese número específico de sílabas que hace la diferencia en un poema o una canción que lo pronuncie. Ese número de letras que nunca evitarás al escribir un mensaje de texto o una publicación de 140 caracteres.

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Yo no quiero blog

"Caminante no hay camino, se hace camino al andar" dice Antonio Machado y canta Joan Manuel Serrat. Alguna vez nos ha tocado ver el camino por venir borroso, cuando se divide, se tuerce, se diluye, se mece. En mi corta vida de apenas 22 otoños me he encontrado con varias de estas situaciones. ¿Y qué es lo que pasa?: el fallo. Admito no ser buena en nada, pero me he dado cuenta que echándole ganas todo se puede. Al seguir caminando se irá haciendo el camino.

Mi principal problema es la escritura, esa comunicación que construye un puente indestructible entre el emisor y el receptor, soy malísima. Más de una vez he escrito o dicho historias que se tergiversan al momento de enredarse en mi boca y simplemente escupo palabras sin coherencia condimentadas con muchos silencios incómodos. A la hora de escribir me he topado con que la estructura falla, tengo la idea en la mente, pero no puedo plasmarla en la tinta digital. Consultando a mi psicólogo de cabecera, mi hermano, me comentó que una forma de empezar a trabajar con ese problema es trabajando. Escribir por escribir, desenfundar las ideas en algún lugar donde basta que alguien me lea.

Así es como nace este pequeño espacio donde iré publicando un collage de trivialidades, temas absurdos, momentos de mi vida diaria, ideas tanto insípidas como enamoradas. Publicaré los temas que se me ocurran, o me convenzan de algún comentario. Siéntase libre, lector, de pasearse y leer o ignorar lo que usted guste. Está usted en su casa.

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