Hoy en el taxi se subió una señora de 62 años con una voz, plática y opiniones muy fuertes. Preguntó si podía pagar diez pesos ya que el camión no les hace la parada a los que sabe que pagarán con tarjeta de descuento, el conductor dijo que sí. La mujer expresaba su postura ante el mal manejo del transporte azul y blanco, acto seguido el conductor comenzó a agredir de forma según él "chusca" la validez de su postura con la clara intención de hacerla callar, a lo que la mujer respondió con otras bromas sin dejarse invisibilizar.
Este intercambio de chistes y refranes a todo volumen mantuvo al resto de los transeúntes bastante entretenidos intercambiando miradas y risas. Yo bajé mis audífonos en solidaridad con la mujer. Asentía ante cada ademán que parecía solicitar apoyo a sus respuestas de que ella estaba totalmente capacitada, tenía total derecho de hacer sus propios juicios y tener sus propias opiniones.
Por un momento me preocupó mucho que otras personas coincidieran con el conductor, pero me quedó el grato recuerdo de haber participado dándole un comentario positivo a la mujer, que otra transeúnte le pagó su pasaje, otra más le deseó muy buen día y al final la mujer bajó bastante contenta.
Aún falta muchísimo camino por recorrer, pero me alegra ver que cada vez más mujeres tienen herramientas para sobrevivir estas agresiones en los espacios públicos y lo bonito que es encontrar sororidad en los momentos más insólitos.
Sandy Mejía
21:53
0 comentarios:
Publicar un comentario